La dieta alcalina tiene un gran aliado para ayudarnos a alcalinizar nuestros tejidos y aunque para muchos pueda parecer extraño, la sal natural es uno de los mejores remedio que tenemos en “la dieta alcalina” y en una “dieta anticáncer”.

Eso sí,  hay que diferenciar entre sal natural y sal refinada. No es lo mismo, hay grandes diferencias que debemos tener en cuenta, a la hora de llevar una alimentación saludable, alcalina y anticáncer.

Sin sal no puede haber vida y sin embrago nos recomiendan en muchas ocasiones que no consumamos sal.

Sal natural y sal procesada

La sal natural contiene un 84 por ciento de cloruro de sodio y un 16 por ciento de minerales naturales, entre los que se incluyen el magnesio, el silcio, el fósforo, el vanadio… 84 elementos de la tabla periódica en la misma proporción en la que se encuentran en nuestro cuerpo. Cuando la sal es de calidad contiene todos los minerales de la tabla periódica.

Por otra parte, la sal procesada o la que comúnmente se conoce como “sal de mesa” contiene un 97.5 por ciento de cloruro de sodio y el resto son sustancias químicas hechas por el hombre, como pueden ser los absorbentes de humedad y los agentes de flujo. Estas son sustancias químicas peligrosas como el ferrocianuro y aluminosilicato. También se le añade Yodo, para mejorar la función del tiroides que es cierto que puede mejorarla pero si sobrepasamos la cantidad necesaria puede ser muy tóxico y Flúor, para mejorar la salud bucal, que sabemos que es un elemento radiactivo, de los más radiactivos de hecho y ya es de sobra conocida su acción como carcinogénico cuando la dosis que recibimos es alta, sal, agua, pasta de dientes…

Por otro lado hay que tener en cuenta que el mayor consumo de sal viene de los alimentos procesados que además suelen contener mucha fructosa, relacionada con problemas cardíacos, con lo que este factor habría que tenerlo en cuenta.

Además a la sal de mesa se le añaden antiapelmazantes como el hidróxido de aluminio para evitar que se apelmace, cuando ya se conoce que este mineral se deposita en el sistema nervioso, pudiendo producir enfermedades como el Alzheimer.

El agua del mar primario, tiene la misma composición química que nuestra sangre, de hecho se ha utilizad con éxito, siempre filtrada, para transfusiones de sangre. Además su composición es muy similar a la linfa e incluso el líquido amniótico, pasamos 9 meses en un líquido de similares características al agua de mar.

Secado de la sal

Además de estas diferencias básicas en el contenido nutricional entre la sal procesada y la natural, hay que mencionar el proceso que implica el secado de la sal a más de 1,200 grados Fahrenheit, lo cuál también altera radicalmente la estructura química de la sal. Así que, aunque indudablemente necesitamos la sal para lograr tener una salud óptima, es importante elegir cuál es el tipo de sal con el que vamos a alimentarnos. Necesitamos sal, si, pero sal natural, sin aditivos.

Nada menos que 1,6 millones de muertes al año se deben a un consumo excesivo de sodio. En concreto, “uno de cada 10 fallecimientos debidos a causas cardiovasculares pueden atribuirse a un consumo de sodio superior a los 2 gramos diarios”, señalan los autores de una investigación en las páginas de la revista New England Journal of Medicine que fue publicado en el 2014.

Esto incluye el consumo de sodio proveniente de la sal de mesa comercial, así como el sodio que se encuentra en los alimentos procesados, que desgraciadamente es mucho. Además es este mineral el responsable de la retención de líquido y con ella de la hipertensión que se produce en muchos pacientes, ya que sabemos que 1 gramos de sodio retiene unos 13 gramos de agua, agua que se extrae del interior celular, lo que lleva a que las células estén deshidratadas y muchas de ellas mueran.

Sodio y potasio

Lo más importante al consumir sal es que contenga una relación apropiada entre el Sodio y el Potasio y la sal procesada no contiene nada de potasio. Sabemos que nuestros antepasados consumían cerca de 11,000 mg de potasio al día y cerca de 700 mg de sodio. Esto equivale a casi 16 veces más potasio que sodio. Si comparamos eso con la Alimentación Occidental, en donde al día se consume un promedio de 2,500 mg de potasio (la RDA es de 4,700 mg/al día), junto con 3,600 mg de sodio… Si llevas una alimentación a base de alimentos procesados, tienes prácticamente garantizado que la relación entre el potasio y el sodio se encuentra al revés.

Conclusión

Por tanto mi recomendación a la hora de elegir la mejor sal, es que uséis agua de mar para vuestros alimentos, sal de montaña o de minas, sal donde hace millones de años llegaban los océanos, como la sal del Himalaya o sal marina sin refinar de calidad, la sal gorda. Paradójicamente la mayoría de las personas tienen carencia de los minerales que nos aporta esta sal natural altamente alcalinizante de la que hablaremos con más detalle en otro artículo.

 

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